14 de julio de 2011

Acné juvenil.



Sra torta de manteca, le presento a mis queridísimos lectores embabiados.
Cuando tenía 12 años me rebelé al bocadillo de pamploné, y mi madre me permitió comprarme, todos los días (que a mí cuando me gusta algo soy así de fiel), una tortica de manteca. Cerca de casa había un panadería, cuya dueña era granadina, y las hacía como nunca las he vuelto a probar, recuerdo ir a comprar el pan bien temprano y escogerla, tenía que estar blanca (a mí me gusta que estén poco tostadas, ya que,  la masa está menos cocida y menos crujiente y además, el azúcar hecho de más,  a mi , me amarga demasiado el dulce).
La adolescencia es una época, que tu vives y recuerdas como dulce e imborrable, quizás tu madre y demás adultos que te rodearan no lo recuerden igual, pero que es muy dura esta época como para recordarla por la mente de un adulto.
Recuerdo llegar al instituto, Dios mío!!!, ¡el instituto, tía!!!! (este calificativo, TÍA, no se borrará de tu boca en años, y es importante que al principio lo digas muchas veces.
Mis primeras palabras cuando llegué fueron, Qué guay, tía!!! Cuanta gente mayor, y qué guapos algunos, tía. (Entiéndase por mayor, un chaval lampiño, al que le sombrea el bigote pelusero, le canta el ala por soleares, y su pálido rostro está invadido por toda una legión de granitos y granazos, en toda una  espléndida y completa gama de rojos y granates. Acompaña a tal fenómeno de la naturaleza, una voz que sale de lo más profundo de una garganta que se ha tragado a un pato, y se le ha quedado atravesado)
Los guapos, lo siento, pero los sigo recordando guapos...
El momento mágico es cuando conoces a más chicas de tu edad, yo recuerdo a mi amiga Sandra. Ella, era lo más, el primer día de insti se puso una camiseta de Hombres G, tía, qué original!!. Y su forma de hablar me maravillaba, que enseguida la hice yo también mía. A mi amiga Sandra, cuando alguien le caía muy bien, es que cumplía la exquisita regla de los tres super, esto es: era super-majo, super-simpático y super-buena persona. Sí, esa fue mi primera gran lección de mi adolescencia, y a partir de entonces, si yo me acercaba a alguien o alguien a mí,  debía cumplir, sine qua non, el trío de los super, sabes tía?
Otro momento mágico que recuerdo es el descubrimiento de prendas de vestir, sin las cual, no eras nadie si no las lucías, esto es, pantalón vaquero de Chipie (los de la chapita), imprescindibles unos cuantos 501 de varios colores, camisas estampadas, pulseras de Gucci, Swatch en tu otra muñeca, SIEMPRE, un pañuelo de Snoopy y o Mafalda en el cuello o como diadema, y para llevar los libros, una mochila Reebock (la mía era gris y rosa, mis colores preferidos) Sin este atuendo, podías pasar inadvertido (que no era lo que se pretendía), ser un don nadie, o directamente, sentirte la persona más desgraciada del mundo hasta que lo tuvieras.
Uno de mis sueños no realizados fue, tener una Vespa, que si era blanca, ya hubiera sido la leche, pero mi madre, Qué injusta,  tía!!!, no consideró que fuera necesaria para ir al instituto, ya que vivía a dos calles del mismo. Que poco entendía mi madre de entradas magistrales por la puerta del insti ¡¡¡¡EN VESPA!!!!, en fin, en otra vida tendrá que ser.

En las clases había varias tribus:
La/os normales-empollona/es, normalmente eran chicas y chicos normales, inteligentes y aplicados, a tus ojos adolescentes, unas muermos a evitar .
Las guays-listas, que no es lo mismo, están llevaban 501 y calzaban Camper.
El punk, que se fumaba canutos de cáscaras de pipa, para demostrar...no sé la verdad lo quería demostrar, pero qué risa, tía.
El nota, este era el típico que te podía hacer una fogata con pieles de mandarina en plena clase de trigonometría.
El guapo,  diana de miradas del último grupo clasificado.
La guapa, diana de todas las bromas de TODOS los chicos.
Las pavas, directamente, las que miraban al guapo e ignoraban a la guapa.

Eso sí, ahora, de adultos, no nos cansamos de decir, que qué raros son AHORA .

También existía el clan de los profesores;
El enrollao; el guapo; la guapa; la rara; el loco; el colgao y por último; el de matemáticas, que normalmente,  cumplía el resultado de la siguente ecuación:

ProfeMates=(raro+loco+colgao)/(-enrollao)+(-guapo)
(El resultado es siempre negativo)

Jo, que recuerdos tan guays!! Salimos en Babia, algún día de estos, tía??

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