15 de junio de 2011

Lore, Jeny y Jony y otros frikis del montón.


Ains, que veo una caracola, y tengo una regresión a mi época de estudiante. Lo que me gustaba, dejar de estudiar y bajar a tomarme un café con una caracola, con sus pasicas y sus nueces, y es que, a veces, aún en el  peor de los momentos, como entonces eran los exámenes de la uni,  tienes que buscar tu momento dulce del día.

Los humanos, por regla general, somos egoístas y raros. Y que conste, que a mí no me gusta generalizar.
Como ya os habré contado, odio conducir, pero no tengo más remedio que hacerlo. Cuando una persona se pone en manos de un coche, sufre una metamorfosis extraña, que no los cambia, no, simplemente les da la vuelta y los pone del revés.
Quiero decir, que si tú, en el fondo, eres una persona cerrada, introvertida y egoísta, el típico que piensa, tó-pá-mí, tó-pa-mí, y se ríe para dentro haciendo ruiditos de cerdito con la nariz, ya sabéis, ¿no?, pues en cuanto te montas al coche, sacas todo lo malo que hay en ti, además del hígado y los intestinos.
Los reconocerás porque son los que NUNCA te deja incorporarte al carril , y por más que los mires, su mirada está fija al frente, imperturbable, siempre miran por encima de las gafas, y coge el volante por la parte de arriba, más a menos a la 1 menos 5, suelen ser bajicos o el coche le viene grande. Total que hay cola y siempre va ir un coche por delante de ti, pero el es egoísta (y feo como el sólo) y no deja pasar porque tiene que llegar primero.
Y yo, que creo que estoy demasiado tiempo en los atascos, me pongo a pensar, a este tío no me gustaría encontrármelo en el fin del mundo, donde sólo quedas tú y él y un bocadillo de jamón. Que sería más o menos como Gollum del Señor de los Anillos, mi tesoro, mi bocata de jamón, mi puesto en el atasco...

Sin querer ser machista en mi reflexión, que lo mío es un estudio de campo contrastado en el tiempo y en las distintas ocasiones que se me han presentado, fíjate, cuando vas como peatón, quién es el que se para en un paso de peatones...en raras ocasiones verás a una mujer.
En pocas ocasiones te dejarán pasar (me vuelvo a meter en el coche), y aquí voy a hacer dos distinciones:
  - La abuelica que va pegada al volante, que lo coge a las 3 menos 15, con una fuerza tal, que si la Tierra dejara de girar por un instante, saldrían del coche despedidas por la fuerza centrífuga resultante,  dando vueltas en el aire, pero asidas al volante, por si tiene que torcer.
   -La macarrilla, que suele ser también pequeñica, o el coche grande de más, que suelen conducir tumbadas, que coge el volante a las 3, porque con la izquierda va tocándose el pelo, y que suele ir poco atenta a la carretera, porque va hablando con su amiga la Lore, por el manos libres, mientras que escucha Pablo Alborán (que qué bien canta tía y qué bueno está,  Lore)
Por regla general, la amiga de la Lore, tiene un novio de su misma condición, suele llamarse Jonathan y suele ir más depilado que la Jeny (que me acaba de decir la Lore el nombre de su amiga). Con la diferencia que el Jony, en ocasiones, ve muertos, digo, deja pasar...

Hay más especies, la ratón de biblioteca, la chunga, la despistada (que siempre le pica la cabeza, qué casualidad, por el mismo lado que te quieres incorporar tú (noteveo-notedejo), la chula (quenotedejohostias), y entre todos nosotros, el friki-macarra, que donde no hay hueco se coloca, y siempre, siempre lleva un cincuentón calvete con bigote y gafas ahumadas, en el asiento trasero,  que te lanza besos cuando lo miras queriéndole matar...

Navegamos en Babia.

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