Querida amiga Nocilla,
Has crecido conmigo y juntas estamos envejeciendo. Supongo que ahora te harás llamar Noza, pero estamos entre colegas, tú me puedes seguir llamando Yolandilla.
He vuelto a ti. He vuelto a girar mi mirada ante tu presencia. Soy consciente que el hecho de ir acompañada de mis peques me ha hecho perder la vergüenza cuando me paro ante tu estantería en el súper, sabes aunque sé que te duele, que renegué de ti durante una temporada, no te preocupes, he vuelto y esta vez para quedarme, manque mengorde.
Por mis venas corre crema de cacao y avellanas diluída en sangre, eres tan mía que sales hasta en mis analíticas, ¿lo has oído cariño? eres crema de mi sangre...
No puedo renunciar a ti y esta posiblemente sea la declaración de amor más irracional que haya pronunciado jamás, pero sabes llenar mis tardes de hastío como nadie lo hizo jamás. Tanto, que la cristalería de casa podría servir a un regimiento sediento sin fregar un vaso y eso, amiga, es gracias a ti.
Tienes el don del saber estar, la virtud de alegrar corazones y la eficacia de atorar venas. Aportar magra al hueso es otra de tus bondades. Dotar de tocino al magro uno de tus mayores defectos.
Lo declaro públicamente, soy adicta a ti. Sabes calmar mis ansiedades para volver hincharlas al instante de hacerte pasar por mi glotis. Reconozcámoslo, nuestro amor es tóxico, o por lo menos tú lo eres conmigo. Hasta cuando me reproduces el grano nocilloso en el cutis me haces sentir joven, con granos, pero joven al fin y al cabo, y ese es otro de tus defectos, me haces confundir realidades y ver juventud donde sólo hay sebo.
Sabes que he llegado a vivir al límite cuando a falta de pan y tortas te he comido directa del bote, chupando el filo del más afilado de mis cuchillos, arriesgándome a convertir mi lengua en viperina, pero querida amiga, donde manda hormona no rige neurona.
Lo declaro públicamente, soy adicta a ti. Sabes calmar mis ansiedades para volver hincharlas al instante de hacerte pasar por mi glotis. Reconozcámoslo, nuestro amor es tóxico, o por lo menos tú lo eres conmigo. Hasta cuando me reproduces el grano nocilloso en el cutis me haces sentir joven, con granos, pero joven al fin y al cabo, y ese es otro de tus defectos, me haces confundir realidades y ver juventud donde sólo hay sebo.
Sabes que he llegado a vivir al límite cuando a falta de pan y tortas te he comido directa del bote, chupando el filo del más afilado de mis cuchillos, arriesgándome a convertir mi lengua en viperina, pero querida amiga, donde manda hormona no rige neurona.
Mis peques te adoran aunque no tiene el nivel requerido. Sabes que tú y yo podemos contar batallitas y años, faltándonos para ello dedos en toercuerpo.
Eres mi pasión y mi debilidad, eres la razón por la que cierro el armario de golpe, eres la que hace que me olvide de regímenes y esfuerzos, eres la que me enloquece, la que me engorda y por la que probablemente, tendré que volver a ponerme a dieta.
Pero no sufras, no llores, que aguada no estás tan buena.
Eres mi pasión y mi debilidad, eres la razón por la que cierro el armario de golpe, eres la que hace que me olvide de regímenes y esfuerzos, eres la que me enloquece, la que me engorda y por la que probablemente, tendré que volver a ponerme a dieta.
Pero no sufras, no llores, que aguada no estás tan buena.
Volveré, como las golondrinas,
a mi cajón tu bote a guardar,
y otra vez con la magra atocinada,
a tu crema renunciar.
Siempre tuya...
Mi (de momento) no-oronda figura.