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16 de octubre de 2012

Punto bobo.



De un tiempo a esta parte siento antojo de coser.

Es por eso que sugerí de forma discreta a mi marido con un "si yo tuviera una singer, si yo tuviera una singer...cuantas cosas cosería" como el mejor regalo de cumpleaños...

Me regaló un ebook.

Afortunadamente, y siendo consciente que el marido NUNCA me regala lo que pido le canté la misma canción a mis hermanas, con ellas hubo más suerte.

Ay, ya me veo, abasteciendo mis armarios con un fondo de lo más pretaporter-handmade que te cagas.

Sí.

Pensarán ustedes que soy una chica apañadica, de las que saben hacer punto de cruz, coser botones, pespuntar y pasar hilvanes...pues se equivocan , lo primero me suena porque mi hermana la mayor es un hacha haciendo cruces con el hilo, y los botones porque son esas piezas redondas que me encuentro siempre en el filtro de mi lavadora, junto a unos céntimos enrobinados... los dos últimos verbos los he encontrado en google al escribir "cómo se cose".

Mi madre me había dejado por imposible, qué sería de mí, infelice, sin tener pañitos y mantelería bordada.

Desistió cuando, acompañada de mi amiga Marimón, me apunto a "Iniciación al Punto Bobo" en la tienda de lanas de la esquina de casa, y allí íbamos las dos, a darle a las agujas y al ovillo, mientras participábamos en las tertulias de las octogenarias del lugar, que era la media de edad que acudía a estas reuniones.

Mi amiga, que siempre fue un lince además de una ardillica laboriosa (según mi madre), terminó la parte delantera del jersey junto con su espalda y sus dos mangas...yo me quedé en media pechera y con más agujeros por puntos perdidos que la red de un pescador.

La siguiente proeza fue decirle a mi madre que me iba a bordar una camiseta con la imagen más grande, más colorida y más difícil que encontré en una revista de punto de cruz, una peruana a todo folclore. La paciencia se me fue en pleno poncho andino, tan sólo llevaba dos líneas, pero había perdido las cuentas y era imposible enlazar...la ilusión por MI camiseta se prendió a lo bonzo, como mi sueños de futura bordadora.

Jamás me apuntaron a "Corte y Confección", curso para toda buena mocita de pelusilla incipiente en el labio...o lo que viene siendo bigote, para eso ya estaba mi hermana la mayor que despuntaba (nunca mejor dicho) en las lides de la bobina y el dedal...y a Yolandica la dejaron por imposible, con sus cuadernillos, inventando historias de amor...ains.

Pues bien, puestos en antecedentes de mi destreza a la hora de enhebrar aguja e hilo me aventuré a rogar la maquinita de coser y tras tres años TRES suplicándole al cónyuge, mis hermanas me la han regalado.

La última vez que tuve una máquina entre mis manos atravesé uno de mis dedos, en la primera puntada la uña y en la segunda la yema. Tuve tres días el corazón latiéndome en el índice y un zurcido en cadeneta precioso. Tenía 9 años, yo, la máquina tenía más.

27 años después, no veo el momento de ponerme manos a la obra, comprarme revistas de patrones, papel de cebolla, tiza y coser vestidos de todas las clases a mis pequeñas: barrocos, románicos, de corte imperio, canesulados, pinzados y borlados...solo tengo un problema...si veis al momento le decís que lo ando buscando.