Tienen mis padres un pequeño burgaló en una urba particular, en un pueblo costero cualquiera.
Saber que vas a ir a él requiere dosis de entrenamiento, relajación y saber hacerse soluble.
Os explico.
El pequeño burgaló está en una macro urba, los habitáculos están pegadicos, unos a otros, y los seres que los habitan, que suelen hacer vida en las terracitas, están igualmente unidos. El tema de la solubilidad es fundamental para poder sobrevivir a un agosto. Tendrás que acostumbarte a oír al vecino ver las carreras, mientras la de arriba canta por Malú, la de al lado berrea, el de enfrente discute y el de más allá se aparece.
Pues eso, que te tienes que mezclar en la solución salina resultante, o emigrar a una isla desierta si eres de carácter indisoluble.
Lo bueno de todo es que, como casi vivimos todos juntos, en esta, nuestra macro-comunidad, nos conocemos la vida de unos y otros sin apenas habernos dirigido la palabra jamás (que no es el caso), por lo que de todo tendrás la versión hogar, la versión cotilla y la versión primera persona...
Veo indispensable presentaros a mis vecinos. Por riesgo a que se vean identificados, si algún día dan con este blog, les daré una identidad falsa:
-Vecina X: Esta chica es la novena maravilla de la humanidad en grito al gorgorito. Cada año se supera, viene con más barriga, menos dientes y un grito más sorprenderte. Estoy estudiando el caso, pero estoy casi convencida que el resultado final es gracias a las dos causas primeras. Al no tener dientes, el aire entra con más fluidez en ese gran hueco panzil y el sonido juega en ella al escondite, al eco y al trino en varios tonos.
Su forma de comunicarse con cualquier ser que se cruce en su hogar es el berrido, pero el berrido articulado, el berrido con verbo, taco y sustantivo (y si procede otra vez taco).
Lo más gracioso de Vecina X es que cuando habla contigo su tono se vuelve finolis, toda ella...y digo yo, si los días en los que el viento es favorable, te oyen hasta en Cincinnati...
-Vecina Y: Esta señora es el colmo de la pesadumbre, el pesimismo y el espionaje cutre. Os pongo en situación.Tiene esta mujer en su casa unas ventanas mallorquinas de aluminio. Pues maneja las varillas de su mallorquina como el mejor visor de un submarino de combate. Si quiere espiar al de arriba dirige las varillas hacia arriba, si quiere espiar al de abajo, hacia el mismo, si su campo de visión-espionaje es en general, abre mirilla (en este caso varillas).
Tan solo apunto una cosica, Vecina Y, debería de controlar la luz del fondo, la deja en evidencia y dudo que que sea usted de las que bailan al contraluz de una persiana mallorquina.
-Vecina Z: Vecina Z tiene la cualidad de ser la única a la que no le roban macetas, pese a lo frondosidad de su terracita. Y creo que con esta frase lo digo tó y no he dicho ná.
-Vecina W: Tiene la facultad innata de saludar cuando te ve dormitar sobre la tumbona cuando estás a la fresca. Es la reina del sobresalto sibilino y del ataque por sorpresa. Si su saludo no es suficiente, achucha al perrito para que te ladre y te saque del rem en un plis, ains.
Y hasta aquí mi relato de hoy, soy consciente que conocer de golpe más vecinos puede ser perjudicial para la salud, y yo para mis lectores quiero lo mejor.
Cuidense, amigos, de una urba como la mía, a su lado, irte de vacaciones a cualquier motel de carretera resulta más íntimo.
