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15 de abril de 2013

Aquellos maravillosos años.


A una amiga la han incluido en el grupo de whatsapp de las mamis del cole.

Ahhhhhhhh!!!!


Cuenta mi amiga, que el día que le preguntaron en un cumple, ante la atenta mirada de 25 madres, si quería entrar en el grupo y contestó con un NO como una catedral, el mundo dejo de rotar durante algunos segundos y le picó la mejilla derecha. Mucho. Le suele pasar cuando se siente observada. Y jura que hasta las piedras la miraron.

Tras notar cierto resquemor en el ambiente le preocupó que aquella anécdota que le había puesto la medalla de "la poco o nada social" de por vida...o de por curso,  afectara de alguna manera a su pequeña y a la actividad extraescolar, bastante activa, todo sea dicho.

Veréis...el problema no es de las mamis del grupo del whatsapp, el problema es de mi amiga, a la que el zumbido del móvil le distrae. Y además, ya que hablo de ella,  es que no es muy social. Le aterra hablar con una señora de la que no sabe más que su número de teléfono termina en 54 y que tiene 10 flores en su estado. Dice muy poco de nadie esos datos.

Mi amiga me contó entre lágrimas que no sabe como callar al bicho...que acumula cerca de una centena de mensajes sin leer y aunque lo silencie, zumba...la pobre, está al borde de la locura.

-Mari -le dije harta de sus lágrimas- es que eres un pelín insocial...¿qué mal te hace unas risas?

-Tía, el motivo de este grupo es "la fiestuki" -me dijo de forma literal-  Y puedo seguir... cuelgan fotos de partos y de caras de madre recién paridas expresando toda su felicidad entre sudores y pelos pegaos a la cara...y después le siguen decenas de mensajes con emoticonos lanzando corazones por la boca o por los ojos.

-Hostias Mari, qué putada -pude articular con mi habitual empatía.


Mi amiga echa la culpa a la tecnología y al progreso, es muy antigua. Dice que a su madre, estas cosas no le pasaban. Y que el trato normal de madre a madre era el que se tenía en la puerta del cole, cuando te decías las cosas a la cara, sin emoticonos que lo expresen, cuando te reías con carcajadas sonoras y sin necesidad de ponerte amarilla y llorar ríos por las comisuras de los ojos o cuando criticabas a la Puri sin necesidad de incluir un demonio pintado de rojo en la conversación...

Y le di la razón. Quizás porque las rarezas unen, quizás que como mi amiga, soy un pelín vintage y echo de menos aquellos maravillosos años en los que las mamis de tus compañeros no eran más que las madres de tus amigos del cole.