La genética, a veces puñetera, me ha sonreído en esta ocasión.
Mis hijas son de fácil mareo. Y creedme que a la hora de viajar lo odio, porque como vomite una, como vomite, empezamos a hacer la ola en plan cascada en el coche, en todo un visceral homenaje a las cataratas Victoria, por babor, estribor y proa...ains.
Por esta razón, hasta ahora me había librado de algo, los parques de atracciones.
Mis hijas hasta este verano veían un carrusel, sonaban cuatro canciones del verano a la vez o las cegaban unas luces de colores y su reacción ante tal estímulo era NADA. Y yo respiraba, porque los viajes en carrusel están más caros que viajar en business y porque con el tiempo mi buen gusto por la música me ha hecho intolerante a cualquier canción de verano, por lo que una sobredosis me podría volver mu loca, señores.
Ay, aquellos maravillosos años.
Este verano, pese a sus mareos y sus miedos no ha habido más remedio. En su mundo de cinco años, en una urba que tiene cerca (entiéndase cerca varios kilómetros a la redonda) un parque de atracciones no eres nadie si no tienes el abono.
Tomamos la decisión tras someternos a un duro entrenamiento de valor y coraje. Tras encerrarme en una habitación, con la tenue luz de una vela y el sonido de mi aaaammmmhhhhhhhh interior que me decía:
Yolandica, tú eres fuerte.
Yolandica, el Teló es sinfonía, adagio,sonata y Georgie Dann másaaaaammmmmhhhhh.
Determinar qué abono hacer es una tarea difícil. Requiere de dos noches de discusión con la almohada:
Almohada -Que te digo que es mejor el mensual...
Yolandica - Qué sabrás tú, saco de algodón, el de temporada sale más barato.
Almohada - A mí no me ofendas, saco de carne, el del día ni lo pienses.
Yolandica -A que lloro y te mojo, desagradecida, yo que te regalo sueños todos las noches. El de temporada a la una...
Almohada -¿A que te pongo dos pesadillas esta noche...?
Yolandica -...el de temporada a las dos...-sorda de razón.
Almohada -...después vendrás con tus lamentos...-sobrada de razón.
Yolandica -...el de temporada a las tres- hala!
Y así, de esta forma tan tonta, dejé de hacer caso a mi hasta ahora consejera, la almohada, para hacer caso a mi sinrazón, porque por ella y sólo por ella, tengo hasta noviembre fines de semana de atracción y diversión - yupihey, y canciones del verano en bucle en mi ya dañada mente.
La atracción preferida para mis hijas es "la gloria" , la noria para el resto de los mortales. Bajan dando traspiés y blancas como la cal al grito de yupiarghhhh. No hay dolor que les frene.
Ocurrió en la noche de ayer, de repente, empecé a notar un escalofrío, el frescor de la premonición me hizo mirar de soslayo al marido y a cámara lenta, para dar más profundidad al momento y al grito de noooooooooooo con esta cara de espanto
descubrí que miraba con recelo la montaña rusa.
Acto seguido, me veía subida en el cochecito, dispuestos a subir a la cima cosaca. Recé lo que me salió en ese momento, tres avesmarías y un gloriaalpadre. Agarré con fuerza el bolso con mi izquierda, mientras abrazaba a mi peque con la derecha, resoplé y grité: mamáaaaaaaaaaaaaa.
La recordé en la subida, en la cumbre y en tres de las bajadas.
También nombré al ingeniero que la inventó, al herrero que la forjó y al feriante que la montó, y recé por su buen hacer.
Resultado de la aventura rusa:
- Pérdida de mi dignidad, de mi voz y de mis siete chacras, creo que se me cayeron en el tercer giro tras la primera bajada.
-Nos pernaron las tiemblas, y a mi no me engaña, al marido también.
-No hubo necesidad de buscar aseos, Coletillas se mareó y por eso se hizo pis en la segunda bajada.
-Siguen pensando que la gloria les gusta más, a mí también, saludando desde el banco.
