Mostrando entradas con la etiqueta groupies. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta groupies. Mostrar todas las entradas

1 de octubre de 2012

Carta a mi niño recién nacido.




Querido Sobrino,

Te esperaba para el cambio de Luna, pero te adelantaste. Decidiste nacer el 29, para meterte de cabeza en mi Club Mágico del 29, selecto donde los haya.

De entrada saliste cabezota, y no por el tamaño de la testa, que tienes divina-preciosa, sino por lo obcecado, testarudo e irresistiblemente inteligente. Seguro que tus colegas te habrían avisado del túnel, ese por el que entras de parranda y si te quedas en él durante unos meses, tendrás que abandonar si quieres ver la luz, montado, dicen, en uno de los mayores traumas del ser humano, y tú, tras los dolores previos a la epidural, decidiste llamar a asistencia en partos y otros menesteres, porque por el canal de partos no pasabas, que estaba muy estrecho.

Ay, querido Sobrino, allí te encontraron, de rositas tras la cesárea, dejándome ver, ya de tan temprano, que sabías muy bien lo que tenías entre manos...en este caso entre cabeza, y eso son las ideas bien claritas.

Tuviste la capacidad de celebrity, de hacer esperar a golpe de café y bostezo hasta unas horas en que lo más normal es estar en REM o bailando Paquito El Chocolatero a tu particular pandilla de groupies, desde la cuadrada, fría y dura silla de la sala de espera o desde el insomnio de una cabeza acostada, para hacernos perder el sueño, esta vez, de felicidad, por tenerte, tras el rescate, entre nosotros.

Además de listo eres guapo,  un tipo duro al uso, con arañazo en la cara tras una pelea por una teta, unos hoyuelos de infarto y unos enormes ojos rasgados que harían pequeños a los del Velencoso, que ya es decir.

Tus primas estaban entusiasmadas por conocerte, tanto es así, que Coletillas, la que aspira a ser pintante de París, se fue cargada de libreta y carboncillo para intentar plasmar tu retrato en sus inmaculadas hojas.

Te dejaste pintar por los dos perfiles, y aunque la artista encontró en la sala a su modelo fetiche, el abuelito Manolo y su bigote (más éste que el abuelito en sí, que pinta con maestría en un fino e inquebrantable trazo) supo captar la línea de tu ovalado rostro para mostrarlo a todo color, en la tranquilidad que da el hogar con el dulce aroma del recuerdo y a resguardo de sus más fieles seguidores.

No conformándose sólo con eso, tu prima, la pintante, te ha dibujado un diagrama de crecimiento, y te brinda, en sus bosquejos, sus expectativas de crecimiento bruto por año vencido.

Es decir, ahora mismo eres un rostro angelical del que apenas ve cuerpo por estar envuelto en arrullos varios, véase bajo el 0, pero bajo el 1 y el 2, que tu prima ha sabido pintar en el idioma de los espías, es decir, para leer a través del espejo, ya espera de ti que seas un mozalbete de incipiente melena y orejas prestas a escuchar todo a un kilómetro a la redonda. Para el tramo de 3 a 4 años pronostica melenaza, porte y hombría sin igual. 

Todo ello iluminado por el arco iris que te habría visto nacer si hubiera salido el Sol antes y un código especial sobre el mismo, al que llamo, desde estas líneas a entendidos en profecías para su análisis y posterior estudio.

Se despide, de ésta, mi carta de bienvenida al mundo, tu tía, esa que te estruja el moflete a golpe de besos en metralleta y que te grita al oído lo reguapo que eres, leches, con el mayor de los deseos, que seas muy feliz en este viaje.


Be-be-be-be-be-sos.