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4 de octubre de 2012

Ley de Vida.






Como diría Madonna, el tiempo pasa despacico....pero pasa.

Mis hijas tienen cinco años, en pocos meses cumplen seis y yo no me he dado cuenta.
¿En qué momento mi vida metió quinta y se jugó los seis puntos del carné, eh?...creo que llevo una cani al volante.

Me he pasado cinco años y medio deseando que del biberón pasaran a la papilla, de la papilla al tropezón y del tropezón a devorar como si no hubiera un mañana (bueno, no sé cómo hemos llegado a esta etapa porque nos las suspendieron todas, pero aquí estamos), al igual que soñaba con pasar del pañal al despañale, del gateo al sprint parquesiano o del gugu-mami al noteescucho carachucho.

La otra tarde, creyéndome sabia gracias a la experiencia que me dio la vida, y sintiéndome lisensiada en las lides de despañale, friegue y encerado de culete, me di cuenta, en plena batalla con el trasero de Sobrino, que había olvidado la olorosa tarea.

Una, que no se achica ante la dificultad, se enfrentaba a un caca con más pinta de chapapote y más adherencia que pisar un chicle recién gargajeado. En pleno ademán de subir mis mangas cuando vestía tirantes, recogí mi pelo, me rodeé de todos los utensilios necesarios, pañal limpio, toallitas, gasa, ropita limpia, crema del culete, toda mi paciencia, una miaja de empeño, una pizca de coraje y mi protocolo de actuación pasado a limpio y con esquemas gráficos.

Veinte toallitas después y tras untar caca donde no la había, terminé, y fui consciente del devenir de los tiempos y de la renombrada ley de las ancianas del lugar "Ley de Vida".

"Ley de Vida" es aquello que te contestan tras el comentario "se me han hecho mayores" o "se me ha pasao volando".

Más tarde, asimilando que la dichosa ley me había atrapado en sus redes,  me encaminé a comprar los babis para el comedor de mis niñas. Los encontré tan bonitos, tan de su talla y tan de cuadritos vichymari, que los compré sin duda y sin consultar.

¿Os he dicho que llevaba una Minnie preciosa en el bolsillito?

Me han hecho devolverlos.

La cara de espanto que pusieron tras mi tachán fue la misma que le puse a mi tía cuando me regaló, ya  siendo mocita con vello sobaquero, la cinta de Teresa Rabal cuando yo esperaba la de Madonna, la mismica.

-Mamá -tono chulesco- la Minnie es de pequeños...

-La Minnie es preciosa, hijas, a mí me encanta...

-Pues a mí no -repito, tono chulesco- lo quiero sin dibujos o con el dibujo de "Racu Laura"-si ni siquiera sabe decir su nombre-...además llevar babis es de bebés y nosotras ya somos las mayores del arenero.

Y es cierto. Mis peques son las mayores de infantil.

Se abre pues una nueva etapa: empieza el otoño, el año se acaba, posiblemente el planeta explote, mis hijas dejarán de jugar en el arenero para mascar regaliz bajo cualquier palmera (si el picudo deja alguna y el mundo no estalla) para mirar a los chicos jugando al tula...ains, se me han hecho mayores, se me ha pasao volando, pero esto es así....Ley de Vida.





1 de octubre de 2012

Carta a mi niño recién nacido.




Querido Sobrino,

Te esperaba para el cambio de Luna, pero te adelantaste. Decidiste nacer el 29, para meterte de cabeza en mi Club Mágico del 29, selecto donde los haya.

De entrada saliste cabezota, y no por el tamaño de la testa, que tienes divina-preciosa, sino por lo obcecado, testarudo e irresistiblemente inteligente. Seguro que tus colegas te habrían avisado del túnel, ese por el que entras de parranda y si te quedas en él durante unos meses, tendrás que abandonar si quieres ver la luz, montado, dicen, en uno de los mayores traumas del ser humano, y tú, tras los dolores previos a la epidural, decidiste llamar a asistencia en partos y otros menesteres, porque por el canal de partos no pasabas, que estaba muy estrecho.

Ay, querido Sobrino, allí te encontraron, de rositas tras la cesárea, dejándome ver, ya de tan temprano, que sabías muy bien lo que tenías entre manos...en este caso entre cabeza, y eso son las ideas bien claritas.

Tuviste la capacidad de celebrity, de hacer esperar a golpe de café y bostezo hasta unas horas en que lo más normal es estar en REM o bailando Paquito El Chocolatero a tu particular pandilla de groupies, desde la cuadrada, fría y dura silla de la sala de espera o desde el insomnio de una cabeza acostada, para hacernos perder el sueño, esta vez, de felicidad, por tenerte, tras el rescate, entre nosotros.

Además de listo eres guapo,  un tipo duro al uso, con arañazo en la cara tras una pelea por una teta, unos hoyuelos de infarto y unos enormes ojos rasgados que harían pequeños a los del Velencoso, que ya es decir.

Tus primas estaban entusiasmadas por conocerte, tanto es así, que Coletillas, la que aspira a ser pintante de París, se fue cargada de libreta y carboncillo para intentar plasmar tu retrato en sus inmaculadas hojas.

Te dejaste pintar por los dos perfiles, y aunque la artista encontró en la sala a su modelo fetiche, el abuelito Manolo y su bigote (más éste que el abuelito en sí, que pinta con maestría en un fino e inquebrantable trazo) supo captar la línea de tu ovalado rostro para mostrarlo a todo color, en la tranquilidad que da el hogar con el dulce aroma del recuerdo y a resguardo de sus más fieles seguidores.

No conformándose sólo con eso, tu prima, la pintante, te ha dibujado un diagrama de crecimiento, y te brinda, en sus bosquejos, sus expectativas de crecimiento bruto por año vencido.

Es decir, ahora mismo eres un rostro angelical del que apenas ve cuerpo por estar envuelto en arrullos varios, véase bajo el 0, pero bajo el 1 y el 2, que tu prima ha sabido pintar en el idioma de los espías, es decir, para leer a través del espejo, ya espera de ti que seas un mozalbete de incipiente melena y orejas prestas a escuchar todo a un kilómetro a la redonda. Para el tramo de 3 a 4 años pronostica melenaza, porte y hombría sin igual. 

Todo ello iluminado por el arco iris que te habría visto nacer si hubiera salido el Sol antes y un código especial sobre el mismo, al que llamo, desde estas líneas a entendidos en profecías para su análisis y posterior estudio.

Se despide, de ésta, mi carta de bienvenida al mundo, tu tía, esa que te estruja el moflete a golpe de besos en metralleta y que te grita al oído lo reguapo que eres, leches, con el mayor de los deseos, que seas muy feliz en este viaje.


Be-be-be-be-be-sos.