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28 de octubre de 2012

Crónica de una aprendiz de costurera.



El primer día que conduje el coche, carné rosa en el bolsillo, no sabía meter marcha atrás.

Esto es porque tardé muchos años en conducir. Aun así, la necesidad imperaba, debía ir a trabajar, no había otro medio y decidí llevar el coche, total, Alicante está todo recto, y no necesito poner marcha atrás para nada- pensé.

El problema estaba cuando iba a una gasolinera y tenía que maniobrar, era capaz de salir de la gasolinera y volver a entrar con tal de dejar el coche bien situado, listo para repueste. Para aparcar  SIEMPRE en batería.

Pues bien, el otro día me dispuse a coser el disfraz de Racu Laura a mi hija.

Sólo había cogido una vez la máquina de coser, para enhebrar, rellenar canilla y ver cómo se me salía el hilo de la aguja sin saber porqué, pero, qué narices, ya había comprado la peluca de la vampira, no podía achicarme.

El motivo y las prisas de tener el disfraz fue un cumpleaños temático (monstruoso) que tuvimos el jueves.

Con la máquina de coser me pasa lo mismo que con el coche (en mis inicios), no sé maniobrar marcha atrás. Pero qué mas da, se cose siempre hacia delante ¿no? pues a coser el chaleco, hasta el infinito y más allá.

Con el fieltro rosa que compré hubiera podido hacer un sombrero de copa sin necesitar líquidos que lo endurecieran...pero ya lo tenía. También compré un encaje que es el que en un principio quise coserle a la camiseta negra en el cuello y al final sólo lo hice en los puños.

Yo misma, con estas manitas, me dispuse, miércoles a las 21:00, con tan solo las medidas que creí oportunas tomar a la niña, al diseño, patronaje, corte y confección de un chaleco, que tan sólo tenía visionado en mi mente y en una postal de las Monster High.

Como una ha visitado a varias modistas, sabía que el patrón se dibujaba en un papel. Lo hice en uno blanco de embalar que se liaba cual canutillo a la mínima (nota: en la próxima papel de cebolla (nota de la nota: ¿en la próxima...?)).

Ante el papel me quedé en blanco...cómo narices se dibujaba un chaleco en piezas...y cuánto le daba de sisa, medida que no había estimado a bien tomar y lo más importante, qué narices era la sisa...

Seis bocetos después, intentando encajar cuatro piezas, con lo mal que se me dan los puzzles, conseguí que medio cuadraran, con lo que los prendí con alfileres e impaciencia al fieltro ( sí, ese que compré que parecía una plancha de corcho).

Después corte la tela con un cúter (no es muy de modista, creo) y una vez que tuve las piezas del corcho rosado me dispuse a coserlo en mi singer.

Fue entonces cuando me di cuenta que ese chaleco no se cruzaba lo suficiente como para coserle unos botones, bueno, ni lo suficiente ni nada, digamos que no cruzaba, para ya estaba cortado...

Cosí hacia delante como si no hubiera un mañana, más tarde descubrí qué le pasa a una prenda si no vuelves sobre tus puntos en los extremos, y allí tenía mi primera obra de ingeniería...a la que decidí coserle el encaje en el cuello.

Era la una de la madrugada, y aún tenía que coserle el escudo...por lo que decidí tirar de rotulador permanente y se lo pinté, al igual que haría con los botones, ya que el chaleco tendría que coserlo una vez armada la niña.

Pese a que la niña parecía ir metida en el armazón de Robocop y de descubrir dónde está la sisa y cuanto tira si no se le da holgura suficiente...quedó genial ¿no?

Racu Coletillas posando con todo su gracejo.



He necesitado:

-Peluca Racu Laura.
-Camiseta negra.
-Medias de rejilla rosas.
-Calzas azul marino (a las que le cosí unos lazos rosas).
-Dos faldas de tul de los chinos, para dar un volumen, monstroooosooo.
-Dosis de paciencia infinita.
-Un poco de maña.
-Una niña bien guapa que sepa encajar en "la cosa" que cosí.


4 de octubre de 2012

Ley de Vida.






Como diría Madonna, el tiempo pasa despacico....pero pasa.

Mis hijas tienen cinco años, en pocos meses cumplen seis y yo no me he dado cuenta.
¿En qué momento mi vida metió quinta y se jugó los seis puntos del carné, eh?...creo que llevo una cani al volante.

Me he pasado cinco años y medio deseando que del biberón pasaran a la papilla, de la papilla al tropezón y del tropezón a devorar como si no hubiera un mañana (bueno, no sé cómo hemos llegado a esta etapa porque nos las suspendieron todas, pero aquí estamos), al igual que soñaba con pasar del pañal al despañale, del gateo al sprint parquesiano o del gugu-mami al noteescucho carachucho.

La otra tarde, creyéndome sabia gracias a la experiencia que me dio la vida, y sintiéndome lisensiada en las lides de despañale, friegue y encerado de culete, me di cuenta, en plena batalla con el trasero de Sobrino, que había olvidado la olorosa tarea.

Una, que no se achica ante la dificultad, se enfrentaba a un caca con más pinta de chapapote y más adherencia que pisar un chicle recién gargajeado. En pleno ademán de subir mis mangas cuando vestía tirantes, recogí mi pelo, me rodeé de todos los utensilios necesarios, pañal limpio, toallitas, gasa, ropita limpia, crema del culete, toda mi paciencia, una miaja de empeño, una pizca de coraje y mi protocolo de actuación pasado a limpio y con esquemas gráficos.

Veinte toallitas después y tras untar caca donde no la había, terminé, y fui consciente del devenir de los tiempos y de la renombrada ley de las ancianas del lugar "Ley de Vida".

"Ley de Vida" es aquello que te contestan tras el comentario "se me han hecho mayores" o "se me ha pasao volando".

Más tarde, asimilando que la dichosa ley me había atrapado en sus redes,  me encaminé a comprar los babis para el comedor de mis niñas. Los encontré tan bonitos, tan de su talla y tan de cuadritos vichymari, que los compré sin duda y sin consultar.

¿Os he dicho que llevaba una Minnie preciosa en el bolsillito?

Me han hecho devolverlos.

La cara de espanto que pusieron tras mi tachán fue la misma que le puse a mi tía cuando me regaló, ya  siendo mocita con vello sobaquero, la cinta de Teresa Rabal cuando yo esperaba la de Madonna, la mismica.

-Mamá -tono chulesco- la Minnie es de pequeños...

-La Minnie es preciosa, hijas, a mí me encanta...

-Pues a mí no -repito, tono chulesco- lo quiero sin dibujos o con el dibujo de "Racu Laura"-si ni siquiera sabe decir su nombre-...además llevar babis es de bebés y nosotras ya somos las mayores del arenero.

Y es cierto. Mis peques son las mayores de infantil.

Se abre pues una nueva etapa: empieza el otoño, el año se acaba, posiblemente el planeta explote, mis hijas dejarán de jugar en el arenero para mascar regaliz bajo cualquier palmera (si el picudo deja alguna y el mundo no estalla) para mirar a los chicos jugando al tula...ains, se me han hecho mayores, se me ha pasao volando, pero esto es así....Ley de Vida.