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31 de octubre de 2012

The shining of Paquita.

Especial Halloween



Magullada, buboneada y aireada quedó Paquita en su último viaje.

Despertó de aquella pesadilla giratoria una tarde siniestra de lluvia, truenos, rayos y sentellas.

Al grito de cojona qué frío, despertó. Se encontraba tendida en el siniestro jardín de un caserón aun más lúgubre. La humedad del ambiente hizo entumecer los miembros de Paquita, haciéndola palidecer y encogerse del dolor. Casi a rastras, pudo alcanzar las escaleras de la tenebrosa casa para intentar guarecerse de la terrible tormenta que azotaba su maltrecho cuerpo.

No reconocía el lugar donde de forma caprichosa el tifón convertido en tormenta tuvo a bien dejar a su inconsciente persona.

Los escalones de madera crujieron bajo el peso de Paquita, leve por llevar varios días a base de chorricos de coñac aguados con granizo, fruto autóctono del tifón. Aquellos peldaños parecían no haber sido pisados en décadas y se quejaban a cada paso de una Paquita quejumbrosa y famélica a partes iguales.

-Hambrienta y hechica polvo es lo que estoy, narradora, y mira que cuando se me pasa la hora no me entra naica en el cuerpo pero ahora mismico me comía un gitano en pompa.

O.O

Ya en el atrio del caserón, golpeó la puerta con toda la fuerza de sus nudillos, tanta, que no necesitó más de tres golpes para abrirla. El chirrido de la misma al batir su ala sonó al más tenebroso jamás escuchado en cualquier casa del terror que se precie...

-Qué chirrido ni que ocho cuartos, soy yo, que me he acabo de ver en el espejo de la entrada...ese tifón ha destrozado mi permanente y me ha dejado una espantosa melena cocoguá...MALDITO SEAS!!

Maldito seas respondió el caserón con un eco juguetón a la par que escalofriante.

El caserón era un antiguo hotel y en el amplio salón,  una mesa con una máquina de escribir esperaban al escritor que la tecleara al calor de la humeante chimenea...un momento....la casa parecía estar deshabitada, pero alguien había encendido la chimenea, consciente de que no estaba sola se dispuso Paquita a buscar al personal del hotel para que la ayudaran, en esta su empresa, volver a casica que llueve.

Subió las amplias escaleras y encontró un largo pasillo repleto de habitaciones numeradas, en ella encontró a unas gemelas divinas, a una señora en el quicio de la 237, a un loco con un hacha en la mano  corriendo tras una mujer y un niño en triciclo ...y una sensación extraña...un resplandor...y dos graffitis en la pared; en el primero se leía REDRUM y en el segundo OTNOT NEIUQ OL AEL, sin duda alguna, se trataban de mensajes encriptados.

Preguntó Paquita al señor del hacha, que paró su carrera muy amablemente, a qué hora se servía la cena, pero el muchacho debía estar muy mal de los nervios porque no supo decirle, razón por la cual nuestra heroína decidió prepararle una tila para templarle el ánimo.

-Ven aquí Jack, siéntate un poco conmigo y hablemos de la economía mundial...- y a Jack, a Wendy, a la de la 237, al jardinero loco y a las dos gemelas se le pusieron los pelos como escarpias.

Al calor del hogar fue contando Paquita al marido de la que corría despavorida sus aventuras con los tifones, que si la habían dejado mal las verticales y sufría terribles mareos, que si echaba de menos a su Jenny, que seguro que se habría fugado del insti para irse a comer pipas al parque, que si tenía un cargamento de batamantas perfecto para arropar a los clientes del hotel en las frías tardes de invierno y un sin fin de temas más.

Tal fue el grado de enajenación grave que provocó con su monólogo al del hacha, que sin ser consciente de ello, exorcizó de manera efectiva al buen hombre de todos sus fantasmas interiores, que salió por patas del hotel con su familia, seguido del demonio que lo poseía y demás fantasmas del lugar.

Y en aquel caserón deshabitado quedó Paquita ¿quedaría algún huesped especial en el hotel para hacerle compañía? ¿enloquecería Paquita a cualquier fantasma de bien? ¿aprovecharía la ocasión para disfrutar de unas mini-vacaciones más que merecidas o se pondría a sacar brillo a la cubertería?

Esto lo sabremos en el próximo episodio...si el resplandor de Paquita no acaba con todos antes...





28 de octubre de 2012

Crónica de una aprendiz de costurera.



El primer día que conduje el coche, carné rosa en el bolsillo, no sabía meter marcha atrás.

Esto es porque tardé muchos años en conducir. Aun así, la necesidad imperaba, debía ir a trabajar, no había otro medio y decidí llevar el coche, total, Alicante está todo recto, y no necesito poner marcha atrás para nada- pensé.

El problema estaba cuando iba a una gasolinera y tenía que maniobrar, era capaz de salir de la gasolinera y volver a entrar con tal de dejar el coche bien situado, listo para repueste. Para aparcar  SIEMPRE en batería.

Pues bien, el otro día me dispuse a coser el disfraz de Racu Laura a mi hija.

Sólo había cogido una vez la máquina de coser, para enhebrar, rellenar canilla y ver cómo se me salía el hilo de la aguja sin saber porqué, pero, qué narices, ya había comprado la peluca de la vampira, no podía achicarme.

El motivo y las prisas de tener el disfraz fue un cumpleaños temático (monstruoso) que tuvimos el jueves.

Con la máquina de coser me pasa lo mismo que con el coche (en mis inicios), no sé maniobrar marcha atrás. Pero qué mas da, se cose siempre hacia delante ¿no? pues a coser el chaleco, hasta el infinito y más allá.

Con el fieltro rosa que compré hubiera podido hacer un sombrero de copa sin necesitar líquidos que lo endurecieran...pero ya lo tenía. También compré un encaje que es el que en un principio quise coserle a la camiseta negra en el cuello y al final sólo lo hice en los puños.

Yo misma, con estas manitas, me dispuse, miércoles a las 21:00, con tan solo las medidas que creí oportunas tomar a la niña, al diseño, patronaje, corte y confección de un chaleco, que tan sólo tenía visionado en mi mente y en una postal de las Monster High.

Como una ha visitado a varias modistas, sabía que el patrón se dibujaba en un papel. Lo hice en uno blanco de embalar que se liaba cual canutillo a la mínima (nota: en la próxima papel de cebolla (nota de la nota: ¿en la próxima...?)).

Ante el papel me quedé en blanco...cómo narices se dibujaba un chaleco en piezas...y cuánto le daba de sisa, medida que no había estimado a bien tomar y lo más importante, qué narices era la sisa...

Seis bocetos después, intentando encajar cuatro piezas, con lo mal que se me dan los puzzles, conseguí que medio cuadraran, con lo que los prendí con alfileres e impaciencia al fieltro ( sí, ese que compré que parecía una plancha de corcho).

Después corte la tela con un cúter (no es muy de modista, creo) y una vez que tuve las piezas del corcho rosado me dispuse a coserlo en mi singer.

Fue entonces cuando me di cuenta que ese chaleco no se cruzaba lo suficiente como para coserle unos botones, bueno, ni lo suficiente ni nada, digamos que no cruzaba, para ya estaba cortado...

Cosí hacia delante como si no hubiera un mañana, más tarde descubrí qué le pasa a una prenda si no vuelves sobre tus puntos en los extremos, y allí tenía mi primera obra de ingeniería...a la que decidí coserle el encaje en el cuello.

Era la una de la madrugada, y aún tenía que coserle el escudo...por lo que decidí tirar de rotulador permanente y se lo pinté, al igual que haría con los botones, ya que el chaleco tendría que coserlo una vez armada la niña.

Pese a que la niña parecía ir metida en el armazón de Robocop y de descubrir dónde está la sisa y cuanto tira si no se le da holgura suficiente...quedó genial ¿no?

Racu Coletillas posando con todo su gracejo.



He necesitado:

-Peluca Racu Laura.
-Camiseta negra.
-Medias de rejilla rosas.
-Calzas azul marino (a las que le cosí unos lazos rosas).
-Dos faldas de tul de los chinos, para dar un volumen, monstroooosooo.
-Dosis de paciencia infinita.
-Un poco de maña.
-Una niña bien guapa que sepa encajar en "la cosa" que cosí.


9 de octubre de 2012

Gothic girl.

Este podría ser perfectamente un manual de  Iniciación a How to be a gothic girl , tiempo al tiempo...


Se lo debo a las Monster High, gracias a ellas he vivido un año metida en un bucle salido del mismo Halloween.

Verán ustedes, los hechos acaecieron de esta manera, allá por la Navidad pasada, mis hijas, como supongo todas las niñas de su edad, vinieron suplicándole a los Reyes Magos o a Papá Noel o a la sociedad que los financia, unas muñecas que parecían monstruosas.

Una, que tiene a sus hijas por originales y de gusto poco común se confió, y aún a pesar de ver en los catálogos de jugueterías las muñecas en cuestión, se esperó a última hora, proezas de las mías, para ir a por ellas.

Cuando acudimos a dos días de la visita de sus majestades descubrimos que había padres que hacían cola para conseguirlas toda la noche en las puertas de los grandes almacenes y que incluso se había llegado a las manos por el afán de algún papi valiente en conseguir a su retoñas, con todo el amor de sus puños, el juguete en cuestión...y me acordé de una peli de Schwarzenegger.

Yo en esta vida sólo he hecho cola de noche por una cosa, y eso fue para conseguir plaza en le escuela de idiomas, y lo hice porque tenía 15 años, mis amigas estaban conmigo, tenía el consentimiento de mis padres y prometía ser una noche divertida. Evidentemente, la cola para conseguir las Monster no cumplía los mismo requisitos y me parecía una locura, no pasó nada, Sus Majestades de Oriente vinieron con otros juguetes y fueron bien recibidos.

El transcurrir del año pasó gracias a los cromos-tarjetas y su álbum. Y una duda...¿de dónde había salido esta moda?

Porque hasta ahora, mis hijas bebían los vientos por unas haditas pizpiretas que cagaban purpurina y veían en televisión, pero a las monstruas en cuestión no las habíamos visto jamás...bueno en foto...de dónde venían pues... ¿he oído genial campaña de marketing?

No voy a ser yo quien lo critique, ya que me he visto arrastrada este verano por la locura del látigo y del azote, pero yo sé leer, y me llega más información que a un niño, y os aseguro que las Navidades pasadas no vi un sólo anuncio de las monstruitas..

Porque, tan grande ha sido el fanatismo de mis hijas por las siniestras high, que me hicieron elegir mi preferida, escogí el cromo de una que llevaba gafas azules, Berrinches era la Loba y Coletillas "Racu" Laura (Dracu-Laura en las estanterías) y juntas, con los tres cromos, hemos pasado tardes imaginando historias de amor...si es que les pierde el tema aunque sea pasado por telaraña.

Resulta que desde este verano hemos descubierto dónde emiten la serie. Dura apenas diez minutos el capítulo, hecho que aún me hace pensar en la genial campaña y que me pregunte qué fue primero: el cromo o el episodio.
A Berrinches ahora le gusta la vamira (léase vampira) y resulta que la monstuita aplicada de gafas que me elegí es una zombie, que está chepada, se comunica con eructos y tira moscas por la boca...si es que siempre fui un lince eligiendo...

Desde el pasado diciembre mis tardes son lúdico-tenebrosas.

Yo que pensaba que el percentil rosa del cerebelo de mis hijas se incrementaría en niveles preocupantes, por su gusto por el amor y los amorados, se ha visto reprimido por un incremento en lo tétrico y el gusto por lo gótico, y ahí es donde tiemblo, porque solo imaginarme a mis hijas vestidas como a ciertas niñas en una convención de presidentes, os lo digo, de entrada me llega a poner los pelos como escarpias, pero ese es el objetivo de lo cadavérico, ¿no?

Como a día de hoy todavía no he visto en NINGUNA estantería de ninguna juguetería las muñecas de marras, no he podido hacer acopio, por lo que mi oferta de habrá Monster en el cumpleaños, pasó al santo, del santo a cuando os portéis bien todo un día seguido, y de este a cuando se caiga el diente...pero me veo alargando a, nuevamente Navidades. Y sigo pensando que la escasez de las muñecas es puro marketing, porque el deseo por tenerlas no ha descendido, todo lo contrario.

Me veo haciendo mi segunda cola nocturna de aquí a dos meses...

 Pero de momento, ¿os imagináis de qué quieren disfrazarse en Halloween? Yo me pido de zombie.