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25 de enero de 2012

En el país de los idiotas.

Esta mañana me he levantado con esa sensación. Vivo en el país de los idiotas, y después de esta reflexión he apagado la radio, que desde hace años, me acompaña en mis primeros minutos de conciencia matutina. Con cuatro noticias (y creo que exagero) he tenido suficiente. Mañana no la pondré.

Llevo varios días plof, no, llevo varios días pl-OFF y como terapia me he aconsejado a mí misma, por el bien de mi humor (al que echo de menos y espero que no me abandone, aunque yo ahora mismo lo haría) aislarme de la realidad, o por lo menos de la que nos quieren contar.

¿No hay nada bueno en este país? ¿De verdad no ocurre nada bueno? Que ni el Sol sale a gusto por las mañanas y ahora nos sorprenden con tormentas solares que cuando lleguen a la Tierra...

Tengo un nuevo compañero, de los que se dejan querer poco a poco, tímido, poco hablador y todo el día pensativo. Está mediando entre la Justina y yo. Sentado todo el día sobre un tronco. Yo ya me he atrevido a darle conversación:
-Eh, oye... ¿no sales a tomar el aire? ¿es que no almuerzas? ¿No te dan ganas de salir corriendo y por patas de este sitio?

No me contesta, él sigue a lo suyo, enfrascado en sus pensamientos.

-¿Sabes que no sé cómo te llamas? Tengo un don...¿te lo cuento?...en ocasiones....pongo nombres...

Sigue pensando.

-¿Sabes hacia dónde correría yo ahora mismo? Hacia el infinito y más allá XD

Tampoco sonríe.

-Te preocupa el país, ¿verdad? sí yo a veces pienso que estamos en el país de los idiotas, pero de los idiotas con suerte, de los que no saben hacer la o con un canuto, de los que no gustan dar un palo al agua, de los que se tocan los (noesmiestilo) todo el día y sin embargo, nopasaná, y sin esfuerzo consiguen cosas.

Me parece que asiente.

-En el país de hora y media de almuerzo y de postre media botella de whisky, a calichazos y después a conducir, o a pensar o a darle al martillo o a...qué narices se puede hacer en ese estado...pues eso, levantar un país de idiotas.

¿Ha resoplado?

-Pero no me extraña que la barca zozobre, y quién maneja mi barca, ¿quién? pues no es difícil de adivinar, viviendo en el país que vivimos. Barqueros que se empeñan en alargar la vida laboral, jaja, un país levantado por sexagenarios, seremos la pera o las pasas limoneras,  a costa de frenar la incorporación al mercado laboral de, quizás, la generación mejor preparada que haya tenido este país de idiotas, pero que por culpa de los que elegimos y pagamos "por pensar" (ay, que me meo) no tienen experiencia, tranquilo, otros países de no idiotas los recogerán...

Me ha mirado.

-Barqueros que han pensado que para que esto no suceda, pues que recortamos en educación, ¿no?, así no se nos irán preparados, oye y si recortamos en sanidad, con un poquito de suerte se nos mueren, no mejor, vamos a echarle la culpa de todo a esos mileuristas públicos, sí, malditos sean, ellos son los culpables (y el pueblo grita oe-oe, vamos a ver el furbol Manolo y en las próximas elecciones les volvemos a votar, que mira si han encontrado los culpables de la crisis)

Se levanta y y sonriendo me pasa un nota y en ella un enlace y un mensaje: "A partir del minuto 3.10"

-Yo también lloré cuando lo vi.

10 de noviembre de 2011

La jorobada.

By Yolandica
No mejora mi humor, disculpen, así que, de imagen ilustradora de mis sentimientos,  unas cuantas onzas del negro y duro, como mi presente.
Hoy voy a hablar de enfermedades, porque soy hipocondriaca y porque yo lo valgo:

Tengo los pies planos, o los tenía, no sé...el caso que por esta razón muchos hombres antes no hacían la mili, yo siempre deseé librarme de educación física, pero no lo conseguí. Tampoco me hacía más torpe de lo que ya era, quiero decir, dudo que me cayera por los pies sino por la fuerza de la gravedad, que me atraía más de lo normal (es que de pequeña estaba gordica). Mi madre, preocupada por la planeza de los pies de sus hijas, decidió unas cuantas cosas, que yo hoy en día analizo y no sé si serían muy efectivo:
-ponernos zapatos ortopédicos (y con plantillas, por supuesto).
-hacer puntillas (recorrer el largo pasillo de mi casa con los pies en puntillas), que habría cosa más aburrida que eso en este mundo!!!, también un buen día oyó, que si echaba garbanzos crudos al suelo era buenísimo (yo todavía me acuerdo de los parientes del que tuvo la genial idea) para los pies. En general, mi madre, cualquier frase que contuviera las palabras, pies y bueno, lo ponía en práctica con sus conejillas de indias.
-apuntarnos a ballet clásico, ya que las bailarinas andaban de puntillas...

De este último punto me voy a la siguiente confesión: yo nací sin sincronización. Al nacer, el don del baile, acompañado por otros dones que no vienen al caso nombrar, decidieron no acompañarme al mundo, y se quedaron dentro de la barriga de mi madre,para desintegrarse después, !malditos canallas!, es por eso que ejecutar movimientos acompasados con cuerpo, brazos y pies, es incompatible con mi persona, pero como el don de la voluntad y el esfuerzo sí que se vinieron conmigo y el don de la prudencia SIEMPRE ha acompañado a los que me rodean, yo me sentía buena bailarina.
Por supuesto que me creía que en TODOS los festivales, la profe de ballet me pusiera la última porque yo era la más alta, y que nunca me diera un papel protagonista para darle la oportunidad a las demás, que si algo he sido y soy es ser generosa con los demás.
Con el tiempo me he hecho escéptica y sospecho que me mentía...

La siguiente enfermedad que mi madre intentó curar con los trucos caseros de las vecinas del barrio fue aligerar mi exceso de dioptrías, que me crecían a la velocidad de la luz, comiendo zanahorias...mi santa madre estaba totalmente convencida que si yo me comía un cuarto de zanahorias al día mi miopía hereditaria remitiría, y volverían mis ojos a ver la luz del día...bueno, me conseguí un bonito tono anaranjado, muy de moda en aquella época, porque parecía Clementina, la novia de Naranjito, pero poco más...

Como soy la mujer prótesis, no llevé brackets por no querer variar la rotación de la Tierra por la cantidad de hierro que llevaba conmigo,  acompañaba a mi noble figura un corsé ortopédico, tres hierros hasta la cintura y plástico nada-fino metiendo barriga y culo. Quien lo haya llevado sabrá, que estar rígida de cuello a culo te da una peculiar manera de caminar, que conservo hoy en día, y dos formas de caer. Como soy torpe a rabiar (y no porque tenga los pies planos),  llevando el aparato me caí en repetidas ocasiones; de rodillas o tumbada boca abajo (intenta doblarte y me cuentas...), lo bueno era, que debido a lo que sobresalía el hierro delantero no te podías romper los piños contra el suelo...
Afortunadamente, ninguna vecina del barrio tuvo una genial idea-vegetal que me librara de la joroba, que ya me veía comiendo ajos (pa ponerme tiesa, digo yo...)


Y como bien decía la Jurado en su canción: "Se me rompió el humor de tanto usarlo...", a ver si vuelve, que lo necesito.

Nos leemos 


EN BABIA.