Sí, ya huele a eso,al final del verano... que por fin...llegó.
Sinceramente, creo que nunca me había alegrado más. Y soy consciente que en menos de quince días maldeciré mis palabras, pero así es una, de contradecirse y esas cosas.
Huele a recogida, a tormenta, a lápices y a madrugón.
Sueño con el fresquito de las mañanas...y de las noches, al solitario café de mis madrugadas y a desear que las vacaciones de agosto vengan pronto, si los mayas y su pronóstico no lo impiden antes (pues no soy yo nadie contradiciéndome).
Como todos los años, con propósito de enmienda...este año me organizo las noches, las tardes y mis días..si será por ilusiones...que se comerá septiembre en medio bocado y en menos de un día.
Vuelvo de vacaciones con tres kilos más, una maleta repleta de ropa que no me he llegado a poner y un coche que decidió descargar su batería justo en el momento que lo habíamos cargado de los tristes bártulos de la vuelta, que suelen ser el triple que de la ida.
Este verano, por cortesía de la crisis, nos hemos quedado con mis padres en la playa, como novedad trajo un abono de temporada en un parque de atracciones, hospedó en mi ojo izquierdo un tic reacio a abandonarme, me regaló alguna salida romántica, me obsequió con varias quedadas con bloggeras de bien y me bendijo con la compañía de mis mejores amigos.
Mi turné por todo parque de atracción que se precie, ya sea de cocherito-leré o acuático terminó por la puerta grande, como los toreros y en pleno Benidorm y gracias al cubazo de agua de una atracción infantil la braga de mi bikini decidió ofrecer al tendido un vaporustedes al grito de olé.
Berrinche y Coletillas se han encargado de la canción del verano...con poco misterio su éxito, de tonillo cansino, repetida hasta la saciedad y de letra pegadiza: "Mama maburro", a todas horas, por la mañana, por la tarde, por la noche, durmiendo, en el coche, en la gloria o en pleno tobogán...
Mi paciencia, pobre, no pudo soportarlo más y me dejó, me abandonó, se fue por patas y me dejó la muy ladina dejándome al tic bailando como un tarimero de polígono endrogao en lo más alto de mi párpado izquierdo.
He vivido un mes en la más absoluta y total de las ignorancias, y creo que eso me ha hecho engordar (eso y las cervecicas, las tapas y otros manjares de guardar). Nada que un poco de actualidad y una miaja de dieta no puedan solucionar, lo que me hace recordar que tengo que comprar fibra, porque tanto las noticias como mi régimen me estriñen.
El verano se marcha por donde vino (bueno no, que vino por primavera y se va por otoño) y como viene siendo habitual desde que nací, se llevará una cifra de mi añada y me sumará una más.
Aquí te espero 29 de agosto, sin miedo alguno... no te temo ni a ti ni al año que me traes, que soy como el vino del malo...peleona... toda tuya.