Me he reconciliado con el parque.
Bueno, en realidad, ha sido un acercamiento, un limemos asperezas, un dejémonos de este sin sentido y unámonos, un amémonos hasta la locura...no ya me he pasado.
En realidad el parque me ha captado, sí así, como una secta. Y ahora, oh madre no-parque!, no concibes tarde sin parque, ni parque sin colegueo madreril.
Muy en consonancia conmigo misma "Donde dije Diego ahora digo Aurora, por ejemplo" y lo que dije " A Dios pongo por testigo que yo nunca seré madre-parque" pues chupa del frasco Carrasco y donde dije "Yo-no-soy-clan", pues hete aquí, de cháchara materna profunda y demás sinvivires.
Y que conste que me sigue haciendo úlcera en más de una ocasión, encontrarme helada como un pollo, aguantando tifones y chuzos de punta pero es que el parque cumple el objetivo, llamémoslo:
-Cansar a las bestias.
Y además de regalo (que me gustan a mí las ofertas) viene con dos objetivos más:
-Evitar zafarrancho en todas las partes del hogar familiar.
-Reducción de: Yo lo queriba! Yo lo teniba! Yo lo que fuere! en tono insufrible al límite o no de la temida colleja-themselves, también conocida como la colleja con retorno, si peque1 da a peque2, peque2 da y viceversa. (Conste en acta que he dicho reducción no supresión).
Pues bien, en plena charla de madres y coincidiendo con el día de la mujer trabajadora, un comentario de una madre, que debió pensar que soy un desastre, metió el dedito en la llaga, en la de la madre que sale a las 7:30 pintándose el colorete en el espejo del ascensor y el rimmel en el espejo retrovisor mientras se abre la puerta del garaje.
-Tú hija lleva el pantalón al revés.
Y se hizo el silencio,
y llegó el vacío.
Y de mi corazón brotó una zarza
y de mi lagrimal un aspersor
que cubrió la nada
y que regó el vació
de llanto y hastío.
:´(
-Yo es que trabajo...snif, snif, snif. Salgo temprano de casa y, y snif, snif, snif, NO LAS VISTO YO!!!
Ese simple comentario y el comprobar que el escudo del cole lo llevaba mi hija en el culo me hizo llorar más y ser clan. Fue un "mezclemos nuestras lágrimas y hagámonos hermanas de lágrima forever and ever". Y así surgió amigos la conclusión del día, ser madre trabajadora me hace sentir mala madre.
Y es que una tiene un vicio mu malo, y es ser poco o nada organizada. Por las noches no soy persona, soy una walking dead, más dead que walking las cosas como son, y si algo me hace andar te aseguro que es el hedonismo que me maneja a esas horas, y a mí me gusta leer, ya sea 2.0, ya sea un libro, ya sea el Vogue del mes, pero necesito letras por la noche aunque sean en la sopa.
Consecuencias drásticas y dañinas a mi vista cuando recojo a las niñas al día siguiente:
Peque1: Tiene gimnasia (bien lo recordé y dejé preparado deportivos, calcetines, chándal...oh-oh, Oh-Dios-Mío, el coletero, no dejé coletero!!!
Pasarela peque1: Peque1 viste un horroroso chándal táctel, de un socorrido color rojo y negro espantoso (hasta ahí todo bien). Como complemento decora su cabecita con diadema con lazada en cuadritos vichi azul celeste y blanco.
Sentimiento que genera: Ay, hija míia!!!
Pasarela peque2: Uniforme del cole y oh, diadema del disfraz de Blancanieves (sí el de raso rojo y el lazo plantado).
Sentimiento que genera: Propósito de enmienda: esta noche lo dejo todo a-ta-do.
Mañana volverá a ser una utopía y volveré a soñar con esos seis aciertos en la primitiva que me permitan una reducción de jornada, o qué narices, ser madre en las primeras horas del día, alejar al padre de la cesta de las diademas (en sus manos una caja de bombas es menos peligrosa) y en el resto de horas dejarme llevar por lo que surja...ains.