Qué cosas, cuando yo era pequeña estaba segura que cuando llegara 2012 los coches volarían por las carreteras, yo sería muy vieja y sin duda alguna, tendría un teléfono rosa en la cocina.
Me equivoqué.
Ahora que soy algo mayor utilizo teléfono móvil pero no hablo, tecleo. El comunicarse tipo morse ha vuelto gracias al Guasap y los teclados de los teléfonos han evolucionado a un ritmo superior al grosor de los dedos humanos. Los coches siguen sin volar, aunque el precio de la gasolina esté por las nubes.
Cuando aún creía en los Reyes Magos, en el ángel San Valentín que disparaba flechas de amor a las parejas y en el lobo de mis pesadillas, estaba segura que cuando fuera mayor fumaría, me pondría faja y conduciría.
También estaba convencida que el cantante de Spandau Ballet se enamoraría de mi locamente y que me cantaría True bajo mi ventana, a lo tunero romántico y que Simon Le Bon sufriría tanto por mi noviazgo que se haría un Wild Boy, pormiculpa-pormiculpa-pormigranculpa, y se ataría a una noria de agua del dolor tan grande de corazón...y como siempre he sido justa y no me gusta el sufrimiento, los dejaría a los dos, cantando Shout de Tears for Fears, yéndome con el ritmo y soñando con tiempos mejores.
Hace mucho tiempo, cuando como héroe tenía a una naranja futbolera y a un erizo rosa, tenía claro que me peinaría como Farrah Fawcett, vestiría traje blanco y que usaría tacones, a poder ser de lunares como los de mi vestido de gitanilla.
Allá por los tiempos en los que me tumbaba mirando al cielo con la esperanza de ver un ovni o a la virgen de Fátima estaba segura que el futuro sería mañana, que el sol brillaría y seguro sería un día más.
La niña que odiaba la tabla del siete soñaba con ser bajita y no ser la encargada de medir a sus compañeros de clase por ser la más alta y la favorita del que se cagó en la mierda de la democracia que cambió el mapa de España. También soñaba con dar volteretas sin pensar que se rompería el cuello en cada volteo.
Aquella gran peque que tosía colacao al punto de la asfixia creció pensando que Es-pa-ña-es-la-me-jor, que Lola Flores era única pegando patadas a la bata de cola mientras giraba y que nadie la haría llorar más que las canciones de amor de Rocío Dúrcal.
Aquella niña se imaginó escribiendo...
Aquella niña creció soñando con historias fantásticas...
Aquella niña se hizo mayor...
y de mayor sigo soñando...
que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son.
ENTRADA NÚMERO 99 :)